La acreditación, en su connotación tanto institucional como individual, implica una búsqueda de reconocimiento social y de prestigio por parte de los individuos que transitan por las instituciones educativas y
por estas mismas para lograr dicho reconocimiento. En este sentido, los procesos de acreditación se han
constituido en un requerimiento imperativo en nuestros días.
La necesidad de ampliar esta concepción a otras dimensiones del proceso educativo en el nivel
de enseñanza superior promovió su evolución hasta identificar a la acreditación como un proceso por medio
del cual se identifican elementos para elaborar un juicio sobre programas de estudio, estudiantes, profesionales
en desempeño instituciones educativas, de acuerdo con criterios de calidad del desarrollo de sus funciones,
establecidos por reconocidos expertos, empleadores, instituciones sociales o por la comunidad en general,
con el fin de que estas dimensiones de la formación de los individuos y de los servicios que ofrecen a la sociedad.
los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior (CIEES),
y de las acciones de evaluación institucional, el establecimiento de criterios de clasificación de los programas
de posgrado por parte del CONACyT; y los criterios para otorgar recursos a trav´es del Fondo para la
Modernización de la Educación Superior (FOMES). Todos estos esfuerzos parecen indicar que el sistema de
educación superior nacional pretende alcanzar una mayor calidad, utilizando procedimientos de acreditación.
Los esfuerzos mencionados y las reflexiones expuestas sobre esta temática en algunos documentos de reciente
publicación, han promovido una mayor especificidad conceptual. Así, a´un cuando se sigue aceptando el
término “acreditación” como un proceso de certificación de destrezas individuales, se ha llegado a considerar
también como un proceso de reconocimiento de planes y programas educativos, y de instituciones.
No hay comentarios:
Publicar un comentario